Cuidando de las almas mediante la cura de un espacio sagrado


imagen cortesía de la página de Facebook de St. Isidore

Era la primera semana de seminario cuando escuché la curiosa palabra "curar", mientras escuchaba a un grupo de estudiantes platicar de sus futuros. Estando allí aprendí que el sustantivo "cura" es un nombramiento tradicional para el párroco de una iglesia, y viene de la palabra en Latín cura, que significa cuidar. Esto implica que el padre se involucra en el cuidado de las almas. Ya con un ordenamiento de 5 años, esta definición ahora resuena con aún más veracidad de lo que sonó en aquel cuadro de pasto quemado en Texas en julio del 2012.

Aún así, no es responsabilidad única del padre de la iglesia la de cuidar por las almas de Dios de la gente, es también responsabilidad de la iglesia. Si un padre ordenado es un cura, entonces la Iglesia es La Cura. Como el cuerpo de Cristo, nuestra iglesia viva está llamada a cuidar de las almas del mundo. Así es como seguramente, ''con corazones verdaderamente agradecidos mostramos adoración, no sólo con nuestros labios sino también con nuestras vidas, al rendirnos al servicio de Cristo y al caminar delante de Cristo en santidad y rectitud todos nuestros días."1

Si a la Iglesia se le ha llamado a restaurar a toda la gente a unidad con Dios y a los unos con los otros en Cristo2, y ser un vehículo de reconciliación, justicia, paz y amor, entonces la Iglesia debe cuidar de todas las almas.

Cuidar de las almas de la gente es obviamente complejo y el "saber cómo" de esta labor está más allá del alcance que pueda tener el mensaje de un blog. Existen bastos recursos disponibles para entrenar y equipar a la Iglesia para una variedad de aspectos e implicaciones relacionados con esta verdad. La gente de fe, ha estado escribiendo sobre este tema por ya un largo tiempo. Mi aportación a la conversación está basada específicamente en mi experiencia con San Isidoro, una iglesia a la que pastoreo en Spring, Texas; que está estructurada como una red de comunidades misioneras. A través de este trabajo aprendí que para que la iglesia cuide del pueblo de Dios, debemos usar la palabra cura como verbo así como sustantivo.

El verbo "curar", a diferencia del sustantivo, no es una palabra relativamente nueva para muchos vocabularios. Esta palabra inmediatamente nos recuerda al empleado de un museo quien intencionalmente trabaja para crear y cuidar un espacio. "Curar" involucra la creación de un espacio para que algo sea visto como bello e importante en relación con otras cosas. Mi cuñada es curadora en un museo, y este es un trabajo muy meticuloso. Los espacios curados no se dan simplemente por casualidad. Los objetos bellos e importantes se presentan en todo su esplendor porque alguien intencionalmente diseñó el espacio para que puedan ser admirados.

Como la Iglesia, cuidamos de las almas del pueblo de Dios mientras curamos espacios para que ellos puedan ser vistos y conocidos como bellos y santos en relación con Dios y con los demás. No somos solamente llamados a juntar gente, somos llamados a juntar al pueblo de tal manera que les permita experimentar a Cristo. Esto podría parecer obvio para la gente que entiende que la forma "en la cual nos reunimos" para nuestra liturgia es importante y que "lo que hacemos", no logra capturar la plenitud de la liturgia. Los cristianos han estado curando espacios sagrados para encontrarse con Dios por ya mucho tiempo, y esto es una parte primordial para las comunidades misioneras3 de San Isidoro.

Nos reunimos en casas, en un bar, en una lavandería, en restaurantes y un gimnasio de boxeo, pero nunca nos reunimos sólo por reunirnos. Las comunidades misioneras no pueden ser un tipo de trampa. Cada comunidad en San Isidoro diseña su espacio con la intención de crear ambos: tiempo y gente sagrada. La sabiduría de nuestro Episcopado nos enseña cómo separar tiempo y espacio, y curamos espacios para que la gente sea vista y conocida como bella en relación con Dios y entre ellos mismos. Esto podría no necesariamente incluir silencio, campanitas, incienso, rezos formales, la Eucaristía, la confesión, etc. Pero siempre, incluye un deseo enfocado a llamar al pueblo a una relación más profunda con Jesucristo. La manera en la que curamos espacios está limitada únicamente por nuestra imaginación.

La meta es crear una experiencia en la que alguien medite y se diga, "No sé exactamente por qué, porque ya he estado aquí antes, pero por alguna razón siento como si necesitara quitarme los zapatos". En algunas comunidades misioneras la gente lo hace.

¿Qué pasaría si todos intencionalmente curáramos espacios en el mundo para que la gente experimente el amor reconciliador de Jesucristo? ¿Y si intencionalmente apartásemos tiempo y espacio en donde la gente conociera su belleza en relación con Dios y con otros? ¿Con qué nos encontraríamos? ¿Me pregunto si en estos espacios encontraríamos a la Iglesia más capaz de ser La Curadora?

1 Libro de oración común, Rezo matutino Rito II, página 101, Gracias en general. Parafraseado y alterado para ajustarse a este tiempo.

2 Libro de oración común, Catecismo, página 855

3 Conozca acerca de San Isidoro al descargar nuestra aplicación usando esta liga: https://a3a.me/stisidore


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