Compañerismo Episcopal para veteranos de guerra: Ayudando a los veteranos de guerra a sanar de daño

Yo nunca quise ser un veterano de guerra, nunca quise ser el viejo aquel, ese que se pone una chamarra y gorra de veterano, quien no puede parar de contar historias de la guerra. Pero un día, después de retirarme del servicio activo para el ejercito, me di cuenta que me había convertido en un veterano de guerra. Yo era aquel individuo, hasta cierto punto, aunque sin la chamarra ni la gorra. En mi corazón, yo llevaba una carga de dolor sin resolver, por todas aquellas personas jóvenes a quienes tuve que enterrar, además de síntomas de trastorno de estrés postraumático. También iba yo cargando con algo que se conoce como daño moral.

Daño moral es un término utilizado para describir lo que los veteranos de guerra experimentan cuando van en contra de lo que dicta una brújula moral perfectamente bien asentada, al tener que hacer cosas en la guerra que lastiman gente o tener que quedarse de brazos cruzados y no brindan ayuda a aquellos que la necesitan. La guerra es un mundo alrevesado en cuestiones morales, es un sitio en donde los valores morales de una ética civil dejan de existir. Muchos veteranos de guerra con daño moral sienten que ya no valen la pena como personas y muchos se distancian de la comunidad, especialmente de la comunidad que representa moralidad, como seria la Iglesia.

Fue de estas experiencias con la guerra y mi regreso a casa que convoqué la primera reunión del Compañerismo Episcopal para veteranos de guerra (EVF por sus siglas en inglés) en Austin, TX. Un grupo pequeño de veteranos se reunió en el 2013 y oró por lo que Dios nos estaba llamando a hacer por nuestra generación de veteranos. Fuimos animados por el llamado a conformar comunidades misioneras del Obispo Doyle, así que soñamos con maneras de llevar el amor sanador de Jesús a los veteranos.

Fue alentador escuchar de parte del Obispo Doyle el término “comunidades misioneras”, porque ambas palabras eran parte de nuestras experiencias en el ejército. Salíamos a una “misión” y era nuestra “comunidad” la que nos daba la fortaleza para los días y las noches difíciles.

La comunidad veterana es una comunidad cerrada y uno de los síntomas del daño o lesión moral es la falta de confianza en las instituciones. Esto dificultó nuestra labor, pero con el tiempo y paciencia, el Espíritu Santo reunió a las personas y comenzamos a experimentar.

Nuestros experimentos iniciales involucraron peregrinaciones, reuniones en grupo acerca del daño moral, un “retiro táctico” y organizamos una conferencia sobre daño moral en el Seminario del Suroeste, en Austin. Aún cuando en nuestros inicios logramos alcanzar muchas de nuestras metas, nos encontramos con que el verdadero valor de nuestro trabajo yacía en las relaciones que forjamos con veteranos y los miembros de sus familias, quienes sentían que la Iglesia y Dios les habían abandonado.

El trabajo continua aquí en el Centro de Texas y sus fronteras se extienden. En Villa la Comunidad Primero (en inglés conocida como: Community First Village), hemos tenido reuniones en donde se brinda comida, con veteranos que algún día fueron indigentes. Esta es una comunidad de pequeñas viviendas que alberga a más de cien personas que en cierto momento fueron gente sin hogar. Esta es una oportunidad para reunirnos y partir el pan, compartir historias de dolor y pérdida y tener la oportunidad de orar juntos, mientras pedimos a Dios que nos llene de su presencia sanadora. A finales de este mes, nos reuniremos en un servicio de sanidad para aquellos con daño moral en donde leeremos las Escrituras, compartiremos acerca de lo que es el daño moral, luego escribiremos nuestras lesiones morales en papel y las quemaremos en el incensario. La guerra es un acto físico y creemos que rituales físicos son muy efectivos en el proceso de sanar las heridas invisibles de la guerra.

Después de las primeras semanas de haber dado inicio al Compañerismo Episcopal para veteranos de guerra (EVF por sus siglas en inglés), muchos de mis síntomas de trastorno de estrés postraumático y daño moral regresaron a mí con más furia. Tuve que renovar mi compromiso con el proceso de sanidad a través del sistema de salud mental del Departamento de Asuntos de los Veteranos (VA por sus siglas en inglés), así como con las disciplinas espirituales que me estaban sustentando y ayudando a sanar. Me di cuenta de que otros líderes estaban pasando por luchas similares a la mía. El Reverendo Lynn Smith-Henry, un veterano del ejército quien había estado conmigo desde el principio y yo, comenzamos con la Comunidad hospitalaria de San Martín. San Martín de tours es el santo patrono de los veteranos de guerra y su historia de guerra y daño moral es cautivadora. Él es mayormente famoso por haber cortado su capa a la mitad para brindar abrigo a una persona pobre que pasaba frío, así que esta Comunidad Cristiana que fundamos sería devota a lo que San Martín de tours era devoto; Oración, Hospitalidad y Reconciliación.

Ha sido un gozo ver a los veteranos de guerra de todo el país formar parte de esta comunidad y presenciar cómo se capacitan para atender el servicio ministerial en su propio contexto local.


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